CÓMO TRABAJO
Atención psicológica adaptada a tus necesidades en un espacio seguro y colaborativo
Mi enfoque
Gracias a mi formación y experiencia en distintos enfoques clínicos, he llegado a comprender que cada persona y cada situación requieren un abordaje particular. Esto me ha llevado a desarrollar un marco de trabajo integrativo y flexible que combina técnicas de diferentes modelos, como el cognitivo-conductual, el humanista, el psicodinámico y el sistémico, todos respaldados clínicamente y con evidencia de eficacia en distintos contextos terapéuticos.
Este enfoque me permite ofrecer una atención personalizada, adaptada a las dificultades y necesidades de cada persona, integrando los avances más recientes en psicología, psicoterapia y disciplinas afines, de modo que puedo acompañar los procesos de cambio favoreciendo mejoras significativas en el bienestar emocional.
Concibo la terapia como un espacio seguro y libre de juicios, en el que cada persona pueda sentirse cómoda para expresar sus emociones y los motivos que la llevan a consulta. Entiendo que la persona es activa en su propio proceso de cambio, y durante la terapia ayudo a reconocer fortalezas y a desarrollar recursos para identificar, afrontar y resolver las situaciones problemáticas. La confianza, la colaboración y el acuerdo en los objetivos serán la base para avanzar juntos.
Abordaje terapéutico
Planteo la terapia psicológica como un proceso de cambio que se desarrolla en cuatro fases:
Decidir buscar ayuda profesional es el paso más decisivo para generar un proceso de cambio. Las primeras sesiones permiten valorar si hay una buena sintonía con el terapeuta. Sentar las bases de una buena relación entre ambos va a ser crucial para que el proceso terapéutico se desarrolle adecuadamente.
En esta fase ambos llegaremos a comprender mejor la situación. Juntos definiremos los objetivos terapéuticos y los compromisos necesarios para generar cambios y te explicaré todo lo relativo al plan de tratamiento. Esta fase es importante porque en base a ella se va a desarrollar toda la terapia.
En esta fase trabajaremos para que aprendas las técnicas y las habilidades necesarias para alcanzar los objetivos planteados. Podemos proponer actividades entre sesiones para ir consolidando los avances y hacia el final del tratamiento acordar distanciar las sesiones para que vayas adquiriendo más autonomía.
En este punto del proceso ya se han alcanzado los objetivos establecidos. Ya serás capaz de aplicar en tu vida diaria lo que has ido aprendiendo durante la terapia. Podemos establecer alguna sesión de seguimiento pasados uno o dos meses para valorar si los logros obtenidos se han mantenido en el tiempo.
Mi método de intervención es totalmente personalizado y propongo las técnicas y los recursos más adecuados para abordar cada caso concreto
La terapia psicológica consiste principalmente en un proceso de cambio personal que nos permite ir comprendiendo con más claridad qué es lo que nos está ocurriendo, por qué tenemos determinados pensamientos o por qué sentimos determinadas emociones. Se trata por tanto de un proceso terapéutico que facilita el cambio y que nos permite conocernos mejor y llegar a un mayor nivel de conciencia de nosotros mismos y de la situación que estamos viviendo.
Pero además la terapia es un espacio seguro y confidencial en el que el psicólogo pone en marcha un conjunto de habilidades, procedimientos y técnicas que nos ayudarán a generar ese proceso de cambio. Colaborando conjuntamente podremos aprender los recursos y las habilidades necesarias para identificar, afrontar y resolver las situaciones por las que consultamos.
En este sentido, la relación que se establece entre el psicólogo y la persona que acude a terapia genera una alianza terapéutica esencial para avanzar en este proceso de cambio. La participación activa por ambas partes, la colaboración, la confianza y el acuerdo nos permitirán progresar en el transcurso de la terapia y alcanzar los objetivos planteados.
Las fases del proceso terapéutico son cuatro:
Inicio: tomar la decisión de buscar ayuda profesional es seguramente el momento más decisivo para generar un proceso de cambio. En esta primera fase podremos valorar si hay una buena comunicación y un entendimiento con el terapeuta. Sentar las bases de una buena relación entre ambos va a ser crucial para que el proceso terapéutico se desarrolle adecuadamente.
Evaluación: en esta fase ambas partes llegan a una mejor comprensión de la situación que vive la persona que consulta. Se definen de manera conjunta los objetivos terapéuticos, se establecen los compromisos necesarios para generar cambios y el terapeuta explica todo lo relativo al plan de tratamiento que se va a llevar a cabo. Esta fase es muy importante porque en base a ella se va a desarrollar toda la terapia.
Tratamiento: durante esta fase se trabaja conjuntamente para que la persona aprenda de manera progresiva las técnicas, las estrategias y las habilidades necesarias para generar cambios y alcanzar los objetivos planteados. Es muy habitual que en esta parte del proceso se propongan actividades entre sesiones para ir consolidando los avances que se van produciendo. Próximos al final de esta fase las sesiones pueden ir distanciándose de forma acordada con el fin de promover la autonomía de la persona.
Seguimiento y cierre: esta fase comienza una vez se han alcanzado los objetivos establecidos. En este punto del proceso la persona ya es capaz de aplicar definitivamente en su vida diaria lo que ha ido aprendiendo en el transcurso de la terapia. Es habitual establecer alguna sesión de seguimiento pasados uno o dos meses para valorar si los logros obtenidos durante la terapia se han mantenido en el tiempo.
La duración de la terapia es muy variable ya que depende de cada caso concreto. La complejidad del problema, su gravedad y el nivel de implicación de la persona durante el proceso son factores que determinarán en gran medida la duración del tratamiento psicológico.
En principio, mientras menos compleja y menos grave sea la problemática menos durará la terapia. Por otro lado, las circunstancias concretas de cada persona, su facilidad para expresar conflictos y emociones, su capacidad de reflexión o la predisposición al cambio, son factores que también determinarán el ritmo de la terapia y su duración.
La duración de cada sesión es de 55 minutos aproximadamente.
En cuanto a la frecuencia, generalmente la frecuencia de las sesiones es semanal. Es el tiempo aconsejado entre sesiones para dar continuidad al trabajo que se realiza en la consulta. Permite que la persona tenga tiempo entre una sesión y otra para reflexionar y aplicar lo aprendido en consulta a situaciones de su vida diaria.
Cuando los cambios generados se van consolidando las sesiones pueden ir espaciándose de forma acordada con el fin de promover la autonomía de la persona. En este punto del proceso lo más habitual es disminuir la frecuencia a una sesión cada quince días aunque también dependerá de cada caso concreto.
Si el progreso es adecuado y se han alcanzado los objetivos terapéuticos planteados se acuerda alguna sesión puntual de seguimiento pasados unos meses para finalmente cerrar con el alta terapéutica.
Todos a lo largo de nuestra vida atravesamos situaciones difíciles que nos hacen sentir mal. Pero en algunas ocasiones el malestar puede ser muy intenso y afectar notablemente al desempeño normal en nuestra vida cotidiana. Podemos sentimos bloqueados y no encontrar la manera de gestionar y resolver lo que nos ocurre por nosotros mismos.
Si sientes que algo no marcha bien en tu vida, que no consigues afrontarlo o manejarlo por ti mismo y que necesitas aliviar el malestar que sientes, acudir al psicólogo es sin duda una buena alternativa. No es una decisión fácil pero a medida que avances en la terapia y vayas viendo los cambios estarás contento de haberla tomado.
Los psicólogos, además de estar cualificados para intervenir en diversos problemas de salud como la depresión, la ansiedad, el estrés o las fobias, podemos contribuir en la prevención de futuras dificultades ayudando a que la persona defina y alcance las metas que le permitan sentirse mejor a largo plazo en su vida.
La terapia te ayudará a conocerte mejor y desarrollar todo tu potencial. A lo largo del proceso, el terapeuta, con su formación y su experiencia, te ayudará a tomar conciencia de lo que te ocurre y te facilitará las claves y los recursos para generar cambios que te hagan sentirte progresivamente mejor contigo mismo y con tu vida.